Até os argentinos se renderam ao futebol do Galo

Por Maya Santana
As crianças adediram à loucura que tomou conta dos torcedores atleticanos

As crianças adediram à loucura que tomou conta dos torcedores atleticanos

Abro espaço aqui nesta quinta-feira para falar do Atlético mineiro, que conquistou nesta madrugada o título de campeão da Libertadores da América. É claro que não se fala de outra coisa em Minas Gerais. Como atleticana – daquelas que nunca foi a um estádio e torce de longe -, dou a minha contribuição para o clima de euforia, publicando um trecho do artigo  “Atlético Mineiro, esa referencia del jogo bonito”,  que saiu no jornal El Clarin, da Argentina, há algumas semanas – um tributo antecipado ao melhor time do Brasil no momento. Leia:

Waldemar Iglesias

“El Atlético Mineiro fue desde sus comienzos un pionero del estado de Minas Gerais. Es la institución en actividad más antigua de Belo Horizonte (nació en 1908). Siete años después de aquellos días inaugurales participó de la primera edición del torneo Estadual. Y lo ganó. Desde entonces, se transformó en un protagonista insoslayable de la pelea por el título regional. De hecho, es el más campeón del torneo Mineiro (con 42 títulos; siete más que Cruzeiro, su archirrival histórico). Pero el dominio no lo pudo trasladar de idéntico modo al ámbito nacional: apenas fue campeón una vez del Brasileirao (en 1971, en la primera edición, en tiempos en los que Brasil daba cátedras de fútbol por el mundo) y obtuvo cuatro subcampeonatos (el último, en 2012). Y a nivel internacional apenas se consagró dos veces en la desaparecida Copa Conmebol. De todos modos, más allá de los vaivenes, su popularidad se mantiene intacta. No sorprendió el detalle: para el partido de ida frente a Newell’s, en el Coloso Marcelo Bielsa, los hinchas del Alvinegro agotaron las 2.500 entradas en un rato breve; un puñado de minutos. La torcida del Mineiro (conocida como A Massa), de acuerdo con la encuesta reciente de la consultora Pluri Stochos, es la novena del país, justo delante de Inter de Porto Alegre, Fluminense y Botafogo. Sin embargo, es la segunda hinchada en cuanto a venta de entradas por partido en la historia del Brasileirao. Conclusión muy simple: sus simpatizantes son -quizá- los más seguidores del país.

Está claro: la pasión y la constancia es otro de los rasgos que -según cuentan- tienen los simpatizantes de O Galo. Lo dijo alguna vez el periodista y escritor Roberto Drummond: “Si usted ve una camiseta blanca y negra perdida en la tempestad se dará cuenta de que el Atleticano irá contra el viento”. Aunque falleció hace poco más de una década, sus palabras no perdieron actualidad. Menos ahora, que el Mineiro está en el tramo decisivo en la búsqueda de ese trofeo que los rivales del Cruzeiro le suelen mostrar como ventaja diferencial, a modo de jactancia. Sucede que el equipo azul se subió al pedestal de América en dos ocasiones (en 1976 y en 1997) y eso transformó a la Libertadores en una obsesión para el Atlético. Y O Galo ahí anda, luchando por conseguirla.

O maestro que comandou a orquestra bem afinada do Galo

O maestro que regeu a bem afinada orquestra do Galo

Más allá de conquistas y de títulos ausentes, el mayor motivo de celebración del Atlético Mineiro son las estrellas que su camiseta vistieron. A José Reinaldo de Lima todos los conocían como Reinaldo y lo admiraban por sus goles y por su sentido de pertenencia. Hizo 255 tantos, ganó siete Estaduales entre los años 70 y 80 y se transformó en una referencia insoslayable para los hinchas. En 1980 -para verlo a él- se batieron todos los récords de concurrencia al Mineirao. Más de 115.000 personas pagaban su entrada. Según Zico, fue el mejor futbolista que él vio después de Pelé. A Reinaldo, en Belo Horizonte, lo llamaban O Rei do Mineirao. Y cada gol suyo era también un mensaje para el mundo: levantaba el brazo izquierdo y cerraba el puño. Era en solidaridad con el Partido de los Panteras Negras, que en Estados Unidos luchaba contra el racismo y cuestionaba al capitalismo. A la dictadura brasileña le molestaban sus festejos. Pero poco podían hacer: apenas limitar su participación en el seleccionado verdeamarelo. Reinaldo, bajo el cielo de Belo Horizonte, seguía siendo más grande que cualquier totalitarismo.

Hubo otros cracks, claro. Dadá Maravilha, el segundo máximo anotador del club, hizo más de 900 goles en su carrera (en ese particular modo en el que los brasileños cuentan) y está quinto en la historia de los pentacampeones, sólo detrás de Pelé, Friedenreich, Romario y Tulio Maravilha. Tenía alma de hombre de área: “No existen los goles feos; lo feo es no hacerlos”, decía. Entre los goleadores también sobresalieron Mario de Castro, Guará y Said, figuras casi míticas de los años 20 y 30. Hubo futbolistas destacados en todos los puestos que decoraron con su juego el Mineirao. Toninho Cerezo era el paradigma del mediocampista elegante en el fútbol ochentoso. Ganó siete Estaduales y luego se fue a repartir su estela entre los rigores del calcio. Y allí también triunfó. Eder era una suerte de wing que pateaba como si alguna fuerza sobrenatural lo impulsara. Decían que era indisciplinado, pero cuando salía a la cancha su fútbol invitaba a olvidar travesuras y excesos. Incluso entre los arqueros hubo celebridades: Kafunga -el Bochini del arco, quien jugó durante 20 temporadas initerrumpidas en O Galo, hasta su retiro-, el uruguayo Mazurkiewicz -el mejor extranjero de la historia del club- y Taffarel, campeón del mundo en 1994.

Clube Atlético Mineiro

Clube Atlético Mineiro

La FIFA -que ubica al Atlético Mineiro en su Salón de la Fama- también señala como futbolistas legendarios a Carlyle (en los 40, dicen, garantizaba un gol por partido), Lucas, Ze do Monte, Ubaldo, Nilson, Paulo Isidoro, João Leite y Luizinho. En las calles de Belo Horizonte, sostienen, sus nombres invitan a un recuerdo de días felices. O Galo es eso, de casi todos los modos: una sucesión de momentos felices a consecuencia de encantadores protagonistas ocasionales.

También los entrenadores que pasaron le dieron impronta de gigante: Telé Santana -uno de los inmensos referentes del auténtico jogo bonito- dirigió al Mineiro en 434 encuentros. Récord. Con un fútbol estelar, en un tiempo en el que la magia era patrimonio brasileño, el Mestre Telé condujo al equipo al único Brasileirao de su historia. Hubo otros nombres de elite en el banco Alvinegro: Vanderlei Luxemburgo, Carlos Alberto Parreira, Levir Culpi y Emerson Leao, entre los más conocidos y aplaudidos. Todos, de algún modo, ofrecieron esa mirada del fútbol que tanto agrada: la de la defensa incondicional del carácter lúdico.

Ahora,  una canción comienza a latir con su voz repetida. Lo dicen ellos, los Atleticanos: “Nós somos do Clube Atlético Mineiro/jogamos com muita raça e amor”. Garra y amor. Dicen ellos que su himno es el único que habla del “nosotros” y no del “ellos” (por los jugadores). Entienden que son parte indivisible. Los de adentro y los del contorno. Uno. Cuentan, en esa tierra de míticos cracks, que cuando un partido sucede no sólo juegan los once del campo de juego. Como en las tempestades, se abrazan y están todos juntos. También se convencen: así, unidos unos y otros, son mejores.


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2 Comentários

RAFAEL MATOS 27 de julho de 2013 - 01:55

Pra mim, é DEUS no Céu e o GALO na Terra. Sou louco pelo GALO, pela torcida atleticana. RONALDINHO GAÚCHO nasceu pra jogar no GALO. É humilde, carismático, e precisava de uma torcida como a do GALO, que se apaixona, sempre, por aqueles que vestem a camisa, ops, o manto sagrado.
Em nome de todos os torcedores, agradeço, um a um, desde o mais humilde funcionário até o Kalil, presidente apaixonado, passando por todos os jogadores, pelo belo presente que nos deram. Nós nunca mais os esqueceremos. Paixão eterna.

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Déa Januzzi 25 de julho de 2013 - 19:14

Maya, Ronaldinho Gaúcho foi a redenção do Atlético. Só comparado a Reinaldo e Guará (rsss). Beijos amiga. Esse artigo dá o tom dessa paixão atleticana. Fala inclusive em nosso maior poeta do futebol, Roberto Drummond.

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